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El ejercicio físico realizado al ritmo de la música, que llamamos actualmente Actividades Dirigidas (conocidas en sus orígenes como Aeróbic) ha evolucionado de manera importante en los últimos años, hasta convertirse en una industria que mueve más de mil millones de dólares.

Paralelamente, también ha aumentado el prestigio profesional y la propia conciencia entre el colectivo de técnicos que imparten actividades dirigidas de que son un elemento clave del ecosistema del fitness, lo que contribuye a que los instructores se conviertan en los mejores prescriptores de este tipo de entrenamiento. Las actividades dirigidas son parte fundamental del éxito de un centro de Fitness, incidiendo directamente en un mayor porcentaje de uso de las instalaciones y fidelización de los usuarios de ese centro.

El placer de ejercer una influencia positiva sobre una persona o grupo de personas, sobre su estilo de vida, su salud y sus hábitos, constituye una experiencia realmente gratificante para el profesional. Es por ello que la energía y la adrenalina que se liberan al dirigir un grupo de personas altamente motivadas y que disfrutan haciendo ejercicio con la música se convierten en un gran estímulo para el profesional.

Pero el trabajo del técnico de actividades dirigidas con música no consiste únicamente en disfrutar bailando. Es una profesión que exige el dominio de diversos factores.

Al instructor se le exige que actúe constantemente como fuerza motivadora, que proporcione a sus alumnos un entrenamiento seguro y eficaz, que sepa educarlos y comunicarse con ellos, sin olvidar, claro, la planificación de las sesiones.

Por otra parte, el instructor debe saber dar las indicaciones oportunas, utilizar la música correctamente y mantener una relación óptima con los alumnos, generando constantemente un vínculo que fidelice al cliente. Y además, debe estar siempre en buena forma física, de manera que, a ojos de los alumnos, la realización de los entrenamientos que propone no supone ningún tipo de dificultad o esfuerzo.

El decálogo del instructor de actividades dirigidas podría organizarse en estos 10 puntos:

1.- Ofrecer a los alumnos un programa de ejercicio seguro y eficaz.

2.- Ser un ejemplo de estilo de vida saludable y educar a los alumnos en la práctica regular del ejercicio, promoviendo las ventajas que puede tener en su estilo de vida.

3.- Hacer disfrutar a todos los alumnos y saber motivarlos, empleando diferentes técnicas y métodos.

4.- Mantenerse siempre al día de las últimas tendencias del sector.

5.- Colocar siempre en primer lugar las necesidades de sus alumnos.

6.- Fijarse metas razonables, tanto para él como para sus alumnos.

7.- Tener en cuenta los distintos niveles de aptitud entre sus alumnos y prestar a cada uno de ellos la atención que necesiten.

8.- Prepararse bien cada sesión y tener confianza en sí mismo.

9.- Ganarse la confianza de los gerentes de los gimnasios ofreciendo un buen servicio.

10.- Mantener su propio listón muy alto y luchar siempre por alcanzar sus objetivos.

Hemos repasado en este artículo el decálogo que todo buen instructor de actividades dirigidas debe seguir, aunque para conocer más a fondo sus aptitudes os invitamos a leer nuestro próximo artículo, en el que también recordaremos los inicios del aeróbic y los momentos claves de su evolución hasta convertirse en un fenómeno de masas.

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